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Por Javier Vidal Quadras

 

El lugar del ser humano

Una de las ideas fuerza de este blog es que la familia es el lugar propio del ser humano y, por lo tanto, el referente de todas sus actuaciones. La empresa, la política, el ocio, el deporte, la cultura… y, dentro de ellas, cualquier grupo humano, ha de mirarse en el espejo de la familia ante las encrucijadas del destino si de verdad quiere respetar a la persona.

El lugar de la diversidad

La familia es, además, el lugar de la diversidad. En ella hay esencialmente un elemento que une: el amor mutuo. Lo demás es pura diversidad: edad, salud, formación, capacidades, intereses, horarios, preferencias de ocio, opciones políticas… Pero lo que une, siendo poco en extensión es mucho en intensidad. Básicamente, que el otro interesa, es querido por lo que es y no por lo que hace, tiene o aporta.

Presunción de inocencia

Por eso, los pactos son más fáciles en familia, porque, por un lado, se impone una auténtica presunción de inocencia: “incluso cuando se equivoca creo que tiene buena intención y busca mi bien y el de todos, no el suyo propio”. Más que nada porque pensar lo contrario es considerarme a mí mismo un egoísta, pues estoy convencido de que nadie en mi familia dudará de que yo también tengo buenas intenciones cuando, por error o por torpeza, hago daño a alguien, lo que, a veces y muy a mi pesar, ocurre.

Averiguar lo que une

Y, por otro lado, aquello que une en la familia es tan fuerte que constituye un mínimo común denominador, una base sólida sobre la cual se puede construir. A veces, no sucede así, y la familia acaba rompiéndose, pero si uno se empeña, acaba siempre descubriendo el punto de partida que une y desde el que se puede volver a edificar la relación.

En efecto, todas las familias han de integrar biografías diferentes, procedencias diversas, estilos particulares. Y esta armonización exige concesiones. No se trata de anular al otro, sino de encontrar el equilibrio que permita a cada uno crecer en el nuevo horizonte de libertad que ofrece la unión, sin ceder en lo esencial, pero adaptando lo secundario, hasta edificar la nueva personalidad que nos identificará y distinguirá como familia. Agustín de Hipona aconsejaba: “in necesariis, unitas; in dubiis, libertas; in ómnibus, caritas” (en lo necesario, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad).

Pactos para formar Gobierno

En España es la hora de los pactos para formar Gobierno, y también la familia puede servir de ejemplo: buscar primero lo que une (que suele ser más que lo que separa), partir de la buena intención de todos (si no se acredita lo contrario, que todo es posible) y empezar a construir a partir de estas premisas.

¡Lo siento! ¡Olvídenlo! No funcionará. Me olvidaba de algo fundamental, tanto en familia como en política: la humildad de saber perdonar los agravios, olvidarlos y reconocer que el otro también puede acertar, o equivocarse sin mala intención. ¡Ah, y la capacidad de rectificación!

¿O… incluso esto es posible también en política?

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