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Existe hoy una devaluación del matrimonio. En muchas sociedades ha desaparecido el deber conyugal de fidelidad, y el adulterio ya no existe como causal de divorcio. La pareja tampoco está obligada a convivir y desaparece el deber de "mutuo respeto". Esto trae una mayor infelicidad.

En la Argentina, la tasa de separación y divorcio creció 300% en sólo 30 años: en 1980 había 423.000 personas divorciadas en todo el país. Según el último censo, son los divorciados 1.764.400.

En 2001, los casados eran el 40,8%; los divorciados el 4,8%. Hoy el porcentual de divorciados o separados asciende al 5,8% y porcentual de personas casadas descendió al 35,6%.


Que es el matrimonio:

Es importante saber que el matrimonio no es solo una creación de Dios, sino que es el fruto de una amplia experiencia y reflexión humana. El matrimonio indisoluble es una exigencia de la naturaleza antes que un producto de las tradiciones culturales o de las creencias religiosas, o un invento del Estado.

El matrimonio  es la institución que se establece, entre un hombre y una mujer, que se entregan para toda la vidaen forma libre y voluntaria, con el fin de amarse,es decir querer el bien del otro, y de forma responsable tener hijos y educarlos. 

Los dos, varón y mujer, se dan definitiva y totalmente el uno al otro. Ya no son dos, ahora forman una sola carne. Se trata de una relación única e indisoluble.

A partir de ese momento son, en lo conyugal, una “única unidad”. Hay una donación mutua que engloba la intimidad espiritual y la intimidad corporal, de modo que el encuentro sexual se convierte en la culminación de la propia donación espiritual. 

Ese amor es fiel y exclusivo, cada uno se hace parte del otro, ambos se pertenecen mutuamente, el marido y la mujer se hacen parte de uno mismo. La fidelidad excluye el adulterio, la poligamia, el divorcio, y aún el deseo de estar con otro u otra. Hay una entrega total y para siempre. Cada uno, marido y mujer, se ponen al servicio del otro.

Notas de fidelidad:

La fidelidad implica constancia, la fidelidad debe pasar por la prueba más exigente: la de la duración. Es fácil ser coherente por un día o algunos días.

Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Esa constancia se fundamenta en la palabra dada, ante Dios, ante la sociedad y ante la Iglesia.

La fidelidad debe ser perseverante. La perseverancia en el amor debe ser siempre; en los momentos alegres y en los momentos difíciles, Es fácil ser coherente en la hora de la exaltación, difícil serlo en la hora de la tribulación.


La fidelidad es permanencia, consciente y voluntaria, en la decisión de amar.

Ser fiel es no traicionar en las tinieblas lo que se aceptó en público.

La fidelidad es libertad. Es el empeño de permanecer en aquella decisión inicial, libre y consciente, que los convirtió en marido y mujer. Hay una falsa idea de la libertad, incapaz de “entender”, ni siquiera como posibilidad, un compromiso estable y de futuro. Pero, ¿cómo entender una entrega de la persona –la que exige un amor conyugal auténtico— limitada sólo a un período de tiempo o a aspectos más o menos agradables según los resultados?

La fidelidad es el camino para ser feliz. No son pocas las veces que aparecen personas casadas que entienden la fidelidad matrimonial como un simple no romper el compromiso matrimonial. Aunque eso ciertamente es lo primero, no es los esencial, lo más importante, es saber que el matrimonio es el único camino, para el marido y la mujer, para ser felices. 

Como se vive la fidelidad:

Vivir la fidelidad supone: a) quitar lo que estorba o impide ese compromiso; b) poner los medios para mantener viva la decisión primera; c) vivir la fidelidad requiere no pocas veces recorrer un camino de paciencia, de perdón; y d) estar atentos para evitar no abrir la puerta a ningún “enamoramiento” hacia otra tercera persona, poniendo los medios necesarios para evitar el “desenamoramiento” del propio cónyuge.

Sugerencias:

Acepta que te casaste. Ya no es posible ir a cualquier lado por tu cuenta a pesar de lo que mucho que esto pueda desagradarte.

Usa tu anillo de matrimonio todo el tiempo.

Alimenta la intimidad. Con pequeños gestos, besos y demás, será mucho más fácil ser fiel a la larga.

Evita el alcohol, sin importar si estás con tu pareja o no.

Escoge las palabras más efectivas en cada ocasión. Practica una buena, positiva y edificante comunicación.

Haz que tus amigos, compañeros de trabajo conozcan a tu marido o mujer. Lleva fotos y evita comentar cosas malas de tu pareja con tus compañeros de trabajo u otros.

Escapa de cualquier situación que parezca fuera de control. Toma ese momento de lucidez que tienes antes de meterte en problemas de verdad y escapa.

Quédate en casa lo más que puedas. Las estadísticas muestran que las personas infieles pasan más tiempo en el trabajo y salen a divertirse con las amistades.

Planea tu futuro. Establece salidas para sólo los dos. Tus hijos verán en la relación de ustedes un modelo de amor y entendimiento.

Da por sentado que conocerás alguien en el futuro que atraerá tu atención y que te tentará sin importar cuánto ames a tu cónyuge. Juguetear con otra persona es peligroso. Nunca hay un límite seguro.

Matrimonio no es a prueba ¡Qué poco sabe de amor quien habla así! El amor es una realidad más segura, más real, más humana. Algo que no se puede tratar como un producto comercial, que se experimenta y se acepta luego o se desecha, según el capricho, la comodidad o el interés. 


Nos encontramos, por tanto, particularmente en estos casos, con personas que, queriendo vivir con sinceridad las exigencias de su compromiso matrimonial, se ven incapacitadas para hacerlo (desde el punto de vista objetivo). En muchos casos, no es que no quieran, es que no saben. Para eso es bueno que pidamos ayuda, busquemos herramientas, los programas de Familias Formando Familias nos ayudarán a ser fieles, y por lo tanto a ser felices

No te olvides: QUIERES SER FELIZ, SE FIEL.

 

Juan Miguel Trusso

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