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El gobierno en  la familia tiene dos cabezas. Podriamos decir que hay una bicefalia. Cosa poco frecuente de gobierno en otros ambitos, como en la empresa, adonde generalmente hay una cabeza por donde se canalizan las decisiones. Cierto es que ha habido distintos modos de funcionamiento en la historia y los hay en la actualidad. Sin embargo, con apoyo en la igual dignidad de la mujer y el hombre, puesta de relieve con nueva fuerza en el siglo XX, y con el reconocimiento de las implicaciones en la toma de decisiones en la familia, resulta claro que no es justo que uno de los dos cónyuges se reserve de modo individual y al margen del parecer del otro determinadas áreas de decisión en la familia o, quizá, el tener la última palabra en ellas.

El modo bicefálico de funcionamiento familiar, a la vez que deseable, es también generador de ciertas dificultades. Es deseable, entre otras cosas, porque así el conocimiento de la realidad se ilumina con los dos modos de ser característicos de la persona humana y sus correspondientes estilos de pensamiento, diferencias en la sensibilidad y procesos de toma de decisiones. Sin embargo, la bicefalia puede también dificultar la toma de decisiones.

La razón de estas dificultades está en que ante determinados problemas, la misma riqueza que aportan los diferentes puntos de vista, puede conducir a estados de bloqueo cuando no a posiciones enfrentadas. Las salidas a estas situaciones, en muchas ocasiones, consisten bien en aplazar la toma de la decisión, bien en que uno de los cónyuges decide sin el acuerdo del otro o incluso contra la franca oposición del otro. Si esto tiene lugar esporádicamente o en cuestiones de poca importancia, es claro que forma parte de la condición humana y que en circunstancias normales será ocasión de que cada uno aprenda a ceder para adaptarse al modo de ser del otro.

Las dificultades toman otro cariz cuando los aplazamientos en la toma de decisiones son habituales, o cuando uno de los dos decide por su cuenta en asuntos que competen a ambos, aunque sean de importancia mediana. Las decisiones aplazadas frecuentemente se van acumulando hasta llegar a constituir una carga pesada que no deja de crecer. Peor se pone la cosa si uno o los dos llegan al convencimiento de que es mejor no intentar resolver problemas para no terminar en discusiones agrias o en profundos sentimientos de ser incomprendidos.

Es verdad que la base de la vida matrimonial es el amor, que se manifiesta, entre otras cosas, en ceder, en comprender, en perdonar. Pero, muchas veces, se olvida algo que es de capital importancia: hay que saber amar. Para ello, hay que aprender a amar, tarea que constituye el centro de la vida humana, también en la vida familiar.

Dentro de los múltiples campos de ese aprendizaje, está el de la resolución de problemas y toma de decisiones de un modo eficaz y eficiente, es decir, de un modo certero y rápido. No muchas personas han adquirido este tipo de aprendizaje, tan importante para casi todos los aspectos de la vida, también en el más reducido ámbito de lo profesional. Cuanto más alto es el nivel directivo en el desempeño laboral, más importante es saber resolver los problemas bien y

rápido. De hecho, el núcleo de lo que se adquiere en las escuelas de negocios para directivos es el desarrollo de la capacidad de resolver problemas con método.

La familia es la empresa realmente más importante en la vida de las personas. Es, a la vez como hemos visto, una empresa con dos cabezas, lo que constituye un reto no pequeño en lo que tiene que ver con la toma de decisiones. Es por ello particularmente importante que marido y mujer aprendan a discutir de manera que estén orientados a las soluciones. Esta manera de afrontar los problemas se aprende.

El método del caso, nacido en la Universidad de Harvard, es sin duda el método por excelencia que se emplea en la enseñanza y aprendizaje en las escuelas de negocios para directivos de todo el mundo. Es también el método elegido por Familias Formando Familiaspara los distintos cursos que se ofrecen a las familias. Los contenidos de los cursos tiene su importancia, por supuesto, pero, la mayoría de las veces, el aprendizaje más importante que se transmite y adquiere en un curso, es cuestión de método.

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