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Se dice que los jóvenes de hoy tienen miedo al compromiso, al compromiso de por vida, me refiero. Adolecerían de lo que Julián Marías llamaba una ‘falta de atrevimiento’. Y, sin embargo, hay muchos jóvenes que, en su discurrir biográfico, van adquiriendo sucesivos compromisos.

Por ejemplo, no pocos jóvenes se comprometen hoy para toda la vida con uno o varios tatuajes. No reviste mucha osadía ni determinación porque una vez grabado ya no hay vuelta atrás posible, pero no deja de ser un compromiso. Es cierto también que no exige mucha dedicación: tomada y ejecutada la decisión, allí estará él, a nuestro lado o, mejor dicho, en nosotros mismos para siempre.

También hay quien se compromete de por vida con un animal de compañía, y, aquí, cuando digo ‘de por vida’ me refiero a la del animal, claro es, que suele ser más breve que la nuestra. Este compromiso es más exigente que el del tatuaje, porque el animal tiene vida y nos recuerda el compromiso adquirido con los mil y un gestos y sonidos con que la naturaleza le ha dotado. Como todos sabemos, este compromiso se lleva a veces hasta extremos exagerados y requiere en ocasiones grandes dosis de sacrificio Encima, no siempre es correspondido.

Pero quizás el compromiso de por vida más sorprendente, como me hizo ver un buen amigo, es el de los hobbies y aficiones. Sin duda, el caso más elocuente es el fútbol. ¿Se imaginan a un madridista empedernido dando un tiempo a su equipo para volver a ganar títulos bajo la amenaza de que, si no, rehará su vida con el Barça? ¿O, viceversa, un culé rehaciendo su vida con el Real Madrid? Metafísicamente imposible.

Recuerdo el enfado de mi hijo mayor cuando su hermano pequeño fue a casa de un amigo con la bufanda del Español y volvió con una bufanda del Barça en su lugar. Cuando le intenté hacer ver que no tenía importancia, me replicó que el fútbol era casi como la religión: tenía que respetarse. Dejaremos ahora al margen la religión. Lo que me interesa destacar es el compromiso real que mucha gente adquiere con su equipo de fútbol: haga lo que haga su equipo, ellos estarán con él. Lo criticarán, le exigirán, llorarán y reirán con él, se desgañitarán en el campo, soltarán toda clase de improperios, pero estarán siempre a su lado, en la salud (léase victorias) y en la enfermedad (léase derrotas).

¿Se imaginan un amor así? ¡Querer a una persona solo pensando en su bien! ¡Ponerse a su servicio para que alcance lo mejor de sí, para que sea todo aquello que está llamada a ser! ¡Entregarle cada día la certeza de nuestro amor y estar siempre a su lado, sin fisuras, para hacer de su historia personal nuestra propia biografía! ¿Se imaginan a alguien tan libre, tan inmensamente libre como para poder decidir en un acto de soberana libertad entregar su vida entera, pasado, presente y futuro, a la persona que ama? Yo sí. Pero, claro, exige tomar las riendas de la propia vida y no dejarla al albur de las circunstancias.

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